miércoles, 5 de noviembre de 2008

Going and coming

Fin de semana de locura resumible en lo que sigue:
- 27 horas entre aeropuertos y aviones
- 25 horas en casa-casa, 9 de las cuales durmiendo (en una cama de verdad) y al menos 4 comiendo
- 2 noches en un Madrid que ya no es mío pero que todavía siento como la ciudad que siempre me espera (sin dejar de funcionar)

El viernes salí de Olsztyn a las seis de la mañana. Cogí un autobus directo al aeropuerto, donde había quedado en verme con una dulce sonrisa que no encontré. El avión a Madrid tenía un retraso de dos horas y media (en un aeropuerto sin zonas para fumadores) y perdí la conexión con el vuelo a Tenerife. Así que llamé a ese alguien que siempre tiene sitio para mí (la gente que llegó para quedarse permanece incluso después de que te hayas ido) y nos dispusimos a improvisar un Halloween de paso, entre Bardemcillas, vinos y aceitunas, Aidas, vodkas, Siderales y franceses. Tan buena fue la noche que al día siguiente me quedé dormida y perdí de nuevo el avión. Y allí estaba, en la T4 de Barajas, con la ropa del día anterior, sin ducharme y teniendo que esperar ocho horas hasta el próximo vuelo. Cuando agoté mi agenda y llegué a la conclusión de que todo dios estaba durmiendo o tenía el móvil desconectado, entré en un baño cualquiera, me cambié de ropa, me lavé los dientes, cambié mis zlotys por euros y desayuné un pincho de tortilla.

A las seis de la tarde del sábado aterrizaba al fin en Los Rodeos. Con neblina y aire freso llegué a La Laguna, donde al fin pude ducharme. Entonces comencé a empaparme de familia y paz en un baibén de gratas sorpresas, comida sabrosa, sonrisas, lágrimas y amor. Apenas un día, pero dio tiempo de comer castañas, pasear junto al mar, comer puchero casero y ver llover. Llena de energía, de vuelta a Madrid, donde me esperaban ya las cañas y una curiosa conversación sobre aquello que nos pica a todos. Al amanecer, trenes y metro en plena hora punta cargada con una mochila de 16 kilos. ¡Pero qué gusto ese Madrid egoísta y veloz que te pisa los zapatos sin pedir perdón!

Vuelo con turbulencias y sin altercados. El reloj marcaba las dos de la tarde cuando yo pisaba de nuevo el suelo de Varsovia. Otra vez a cambiar mis euros por zlotys y, ahora sí, encontrar entre un ruidoso tumulto de polacos aquella dulce sonrisa. La ciudad estaba, como siempre, gris y salpicada de lluvia. Los edificios se perdían entre la neblina difuminando los finales cuando al fin encontramos un bar suficientemente oscuro donde tomar cerveza a las tres de la tarde.

A las 10 de la noche del lunes, y apenas cuatro días después de haberme marchado, estaba de nuevo en Olsztyn. Todo había cambiado a pesar de estar en el mismo sitio. Y no podía hacer otra cosa que sentirme feliz y agradecida. Por aquellos que siempre esperan mi vuelta, porque allí donde se encuentren ellos estará mi techo. Por los pequeños de la familia que crecen sin parar mientras el enrededor se transforma y replantea. Por los 25 años de cariño y calor que me sirven de colchón y ejemplo. Por las sonrisas que convierten en soleada una ciudad gris. Y porque seguir hacia delante sigue siendo la más apetitosa de las opciones.

7 comentarios:

Isa dijo...

La verdad es que has pasado unos días movidillos pero merece la pena volver a casa de vez en cuando para que te achuchen un poquillo.

Carmen Estirado dijo...

Ayer estuve con Samuel en un bar que acabamos una de esas noches de agosto que, sin quererlo, se nos hacían las 6 de la mañana...y queríamos que nos sirvieran una semana más...en fin, que te mando un abrazo muy grande.

Pola-ka dijo...

Así me gusta, quemando Madrid a mi salud. Me acuerdo mucho de vosotros munderos... Por cierto, buen trabajo con Obama!! Un abrazo enorme!!

Anónimo dijo...

mi gran pauleta...haces de conocerte una suerte sin precedentes :) no dejes de escribirnos desde la "polska", tu blog me recuerda siempre( aunque no sea necesario)cuanto de especial y magico hay en ti.
...que bonito leerte...y que bonito tenerte ¡¡
mil besos***

leticia

Merci dijo...

Hola Paula, aqui en Tenerife las noticias vuelan, que esto es una islita... y las que hay sobre tu fantastico estilo de reportera han navegado, y volado a la vez. Te felicito y me enorgullece que asi sea. Yo te conoci chiquita, aunque siempre guapa, y creo quelista a rabiar.
Soy amiga de papi y mami, que a estas alturas deben andar derretidos todo el día, se que hiciste un periplo para compartir con ellos eso de los años juntos, que no esta nada mal.
Un beso y que mejore tu pola-ko. Ah, que te añado a mi propia lista porque vales la pena...

Natillitas dijo...

Hola, Paula:

Muchas gracias por tu blog, disfruto un monton leyendolo aunque aun no habia dejado ningun comentario y creo que ya iba siendo hora. Veo que tuviste un puente movidito ;)

Besos desde Kraków

Natalia

Anónimo dijo...

Hola Pauloski. Sóc ton tio Albert. Desde Valencia te mando un besazo. Me encanta lo que escribes. Dentro de poco Navidad y otra vez a volar. Esta vida es una locura que hay que vivir a manos llenas. Un abrazo y hasta pronto.